Cuando el asta está fresca conviene dejarla secar unos dos meses; se le quita el hueso interior y se cura con cal viva para eliminar el olor. La guampa hallada seca en el campo puede trabajarse directamente.

Se corta, se pule y se lija como si fuera madera: con escofina, lija o un pedazo de vidrio. El brillo tradicional se logra frotándola con ceniza puesta sobre un pedazo de cuero o paño; hoy también se usan pastas de pulir y discos de fieltro.

“Estando tibia es más fácil dibujarla y tallarla con cualquier instrumento puntiagudo o filoso.”

Para moldearla o tallarla se la ablanda con calor de fuego directo — cuidando que no se queme — o con agua caliente. También puede aplanarse: hervida o calentada, la lámina de guampa se prensa entre placas hasta que enfría y conserva la forma. Así se hacen peines, gemas de cajitas, lotes planos y las piezas de las esculturas armadas por partes.

Del cuerno entero a la escultura

Hay dos familias de piezas: las que aprovechan la forma natural del cuerno — chifles, mates, cucharones, polvoreras, y las esculturas de pájaros o peces donde la curva y las vetas del asta ya insinúan al animal — y las que parten de láminas enderezadas: cubiertos, peines, pulseras, cajas. La punta maciza admite tallas profundas; a veces basta insinuar ojos y pico para que aparezca el bicho.

Hoy se siguen haciendo los más diversos objetos en guampa, adaptados a nuestro tiempo.

Para profundizar